ledb

Sólo estamos buscando al Hombre.
No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos.
No sabemos qué hacer con los otros mundos.
Un sólo mundo, el nuestro, nos es suficiente; pero no podemos aceptarlo tal y como es.
Solaris ~ Stanisłav Lem

martes, 31 de enero de 2012

1,3,7-trimetilxantina

  Y así, con lágrimas en los ojos y cafeína en las venas, nos alzamos entre los caídos y emprendemos un nuevo largo viaje...

Abrázala. No rechaces su amor... (wiki)

viernes, 27 de enero de 2012

De Umbrarum Dei Annales

nostalgia.


(Del gr. νόστος, regreso, y -algia).
1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.



  Y ha pasado ya suficiente tiempo como para atestiguar lo certeza de aquella expresión mía, que con todo esto estaba construyendo algo enorme, algo ínfimo. Y tan ínfimo... Un titánico castillo de naipes que ha colapsado tal y como cualquier persona racional pensaría que haría. Pero yo no soy una persona racional. O tal vez demasiado. Porque he fracasado en este intento de racionalizar toda mi vida social y toda mi construcción de esperanzas y miedos alrededor de la nostalgia. Tenía sentido en su momento, supongo, porque por algo lo haría. Ahora sé que suponía un esfuerzo desesperado de enfrentarme a la realidad, pero no puedes ponerle máscaras a la realidad o volverle la espalda con subterfugios, atajos o trucos.
  Porque qué importarán los recuerdos convertidos ya en ceniza. Qué importarán las muy nostálgicas novelas por escribir, qué importará la sofisticada complejidad de las ecuaciones de la mecánica cuántica o mi torpe manejo de una prosa artificiosa y avanzada. Qué importarán cuando se convierten en mi mayor enemigo, el mayor error que he podido engendrar, la más bastarda de mis bestias, alimentada con mi propia carne.
  Estoy cansado de alimentar toda esa sombra. Cansado de recibir de ella este placebo maloliente, este analgésico débil y local que me aleja cada vez más de toda posibilidad de retornar a la realidad. De qué me sirve truncar la empatía por la nostalgia, a parte de provocar el mejor ejemplo de Ouroboros que puedo reconocer, de ciclo vicioso, de retroalimentación...
  Soy una persona que coge un mechero y dice 'eh, lo amo'. Y pasarán cinco años y mi '''amor''' por el mechero no ha ido sino creciendo. ¿Pero qué sé de esto? Poco o nada. Sin embargo sí sé mucho de mi nostalgia retroalimentada, de mi estupidez anempática, de mi rabia infantiloide. Nunca es tarde, espero, para cambiar las tornas y comenzar la búsqueda en el cuarto de al lado porque, desde luego, aquí no he encontrado nada más allá del dolor que provoca el ejercicio del propio dolor del regreso al pasado.

martes, 10 de enero de 2012

Obliterandum y las cosas

Suponer una piedra muy, muy caliente, recién sacada del crisol de un buen horno.
Cogerla entre las manos. Y evidentemente, si es obligado no arrojarla al suelo, se cambiará de una mano a otra, rápidamente, hasta que el tiempo deje de ser tiempo.
Pero, claro, el truco del experimento está en suponer precisamente eso, que la piedra no se enfriará jamás, o que, al menos, tardará demasiado en hacerlo, en el caso de que se pase de una mano a otra de la forma más patética.
Hay, pues, varias posibilidades. Para empezar, se agarraría la piedra con una mano, con firmeza, sí, con literaria y rimbombante determinación también. Entonces puede suceder que se aguante hasta que la piedra se enfríe lo suficiente como para no ser una molestia. O que la mano se acostumbre a su calor hasta el mismo punto. O hasta que la piedra se parta en mil pedazos o la mano se carbonice. En caso de fracaso, se podría pasar la piedra a la otra mano y esperar de nuevo. En caso de renovado fracaso, se podría pasar la piedra a los restos de la mano original de nuevo, no importa, mientras se pueda.
Pero siempre es el mismo principio. Se ha de sujetar la piedra. Y esperar. Pese al dolor. Y dolerá, desde luego que sí, pero es la única forma conocida en este pequeño universo experimental. Eso sí, se hará literariamente, como en una novela. A riesgo de ahogarse entre tanto adjetivo y adverbio y enfriar la piedra antes de lo previsto...