ledb

Sólo estamos buscando al Hombre.
No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos.
No sabemos qué hacer con los otros mundos.
Un sólo mundo, el nuestro, nos es suficiente; pero no podemos aceptarlo tal y como es.
Solaris ~ Stanisłav Lem

sábado, 30 de abril de 2011

El Arcángel (Pre II) [MdS]

  Me entretengo momentáneamente intentando discernir, en el horizonte, la diferencia entre tierra y cielo, entre lomas suaves y oscuros nubarrones. Distraído hasta entonces, casi me duele volver a la realidad de la habitación cuando un sobresalto me atenaza el corazón con una taquicardia monstruosa. Busco desesperadamente recuperar el aliento e ignorar el estruendo del corazón en mi pecho. Me van a reventar las costillas, aunque antes caeré inconsciente al suelo, llego a pensar. Hay algo detrás de mí. Lo sé con la misma y absoluta certeza con que percibo la brisa húmeda y fría. Ante mí, la realidad sigue estremeciéndose lentamente. Como las suaves sacudidas de una medusa ralentizada, la luz solar viene y va y las nubes avanzan y se paran con relajados intervalos.
  No me cuesta mucho sentir un sonido que tiene la misma terrorífica cadencia. Una respiración honda, entrecortada y profunda, que sacude el aire como si fuese el mismísimo infierno el que exudase la bruma negra que puedo ver y no ver entresaliendo por las rocas, ladrillos y tierra de la realidad.
  Lenta, dolorosamente, me vuelvo para encarar la desollada bestia de diez cabezas sin rostro que quiere desvelar su negro futuro entre mis entrañas. No hay nada. Me lloran los ojos y se calma mi corazón. Recupero el aliento de golpe. Algo que tenía puesta su garra invisible en mi pecho ha desaparecido, dejando mi cuerpo entumecido y débil caer al suelo entre espasmos y resuellos. Me levanto, instantáneamente recuperado, sintiendo la vida retornar a todos los rincones de mi cuerpo. No me giro para volver a contemplar la calma y violenta visión del exterior. Salgo de la habitación, recorro los pasillos sin vida de una casa que es y no es la mía y finalmente salgo al exterior con los ojos cerrados.
  En efecto, sé que no quiero ver lo que sea que haya fuera, quiero creer que si formo parte de ello, dejará de atacarme. Vacío mi mente, inhalo el agrio aire fresco. Lo saboreo como supongo que una mosca saborea el néctar de una planta carnívora. Exhalo lentamente y abro los ojos.

miércoles, 20 de abril de 2011

El Arcángel (Pre) [MdS]

  El aire, tenso y oscuro, cae sobre mí con todo el peso del universo. Siento, incluso, cómo inunda mis pulmones lenta y dolorosamente. La sensación va desapareciendo conforme mis ojos se adaptan a la luz reinante. La ventana abierta a una vasta hondonada es, de repente, un sumidero de luz espesa. Pesadamente, notando crujir cada articulación, me levanto de la cama y me acerco al amplio ventanal. Acostumbrados ya los ojos, puedo contemplar frente a mí la grandiosidad de un cielo colosal, un firmamento uniformemente plomizo y sucio que parece estar en vertiginosa caída libre hacia los abigarrados árboles que pueblan la visión. Hasta allá donde alcanza la vista, puedo sentir rezumar de la polvorienta tierra una suerte de brumosa oscuridad que evita los rincones iluminados por los difusos destellos de un sol invisible.

Synesthesia II

Hummm
Interesante...


"Dicen los cuerdos que en la orilla del océano de la locura hay un filósofo. Y dice el buen filósofo que en la entrada del páramo de la nostalgia hay un loco. Y dice el enfermo emperador exiliado que allende las montañas de nieves perpetuas vive una bella doncella que...

...en fin, me dicen algunos que dice aquesta que los cuerdos no existen.

A cada cual su ausencia y su mentira. ¿O a cada cual su realidad y su verdad?"


La perspectiva lo es todo, queridos.
Aunque tal vez no exista un solo tono de gris...

Oh, Oh dioses.

Magníficio, magnífico.

domingo, 17 de abril de 2011

Synesthesia

"La larga melena negra caía sobre los hombros como una cortina de noche. La piel nívea, apenas moteada de pecas en mejillas y nariz, corría a ocultarse entre los pliegues de una falda rígida y el escote sinuoso de un corsé. Los labios rojos, que parecían conspirar junto a los oscuros ojos para encumbrar las curvas de su cuello desnudo. Todo esto arrastraba la nítida imagen que se alzó, desde las sombras que rodeaban el lecho de muerte, para atormentar su sombrío corazón.

Alargó una mano hacia esa belleza rebosante, ese anhelo contenido en un suspiro. Desapareció y fue como si nunca hubiese estado ahí. Mantuvo su mano allí, flotando en el helado vacío, cargándose de temblores y pánico, hasta que la mortal debilidad la hizo caer."

Toda forma de nebulosa oscuridad, toda mota de polvo estelar o ápice temporal parecen apuntar en la misma dirección. La dirección universal de la decadencia y la desaparición. Del caos. Pero dentro de este caos existe una constante universal, preternatural...

La tengo entre las manos. Largamente buscada, entre los pliegues de la negra falda de nuestros días, entre los destellos de una sonrisa de nocturno carmín o entre el eterno devenir de unos dedos creadores... La tengo entre las manos y no pienso dejarla escapar, a esta pequeña constante universal.

lunes, 11 de abril de 2011

La más antigua, la más poderosa (II)

La más antigua, la más poderosa emoción de la Humanidad es la sorpresa.

¡Sorpresa!

Y el sonido del Sol azotando las sucias aceras, el sucio asfalto, retumba en tu interior. ¿Conoces esas vibraciones que parecen sacudir a veces a las copas de buen cristal, ese inestable retumbar? Si parases el tiempo durante una de esas minúsculas sacudidas y observases las calmas moléculas en su caótico devenir... ¿no parecerían iguales que cuando el silencio reina en las estancias?


Ah... pero no son iguales...




A eso me refiero.

¡Sorpresa!



Y orgasmo cósmico, por supuesto.